Testimonio de Hermana Lucía

Testimonio de Hermana Lucía

Siempre supe que Dios y los pobres tendrían un lugar importante en mi vida; Pero en cuanto a cómo, es otra historia…

Mi nombre es Lucía; fue buscando a Dios y queriendo dar mi vida por los pobres que descubrí que como Hermanita de la Asunción, podía realizar este sueño y ser feliz, ¡muy feliz!

Mi familia me transmitió una fe simple que acompañó nuestra vida con serenidad, a través de la oración diaria antes de las comidas, antes de subir al automóvil, antes de acostarme; nuestra fe era celebrada en la eucaristía, y ofrecía el perdón. Si mi padre o mi madre tenían  la oportunidad de confesarse en la capellanía de su trabajo o entre el mediodía y las dos de la tarde, cuando regresaban a casa,  estaban felices y el ambiente estaba de fiesta.

En la escuela, mi fe creció con mis amigos y con el deseo de estudiar el Evangelio en clases de religión que me dieron un gusto por la oración; también tuve la oportunidad de comprometerme con los más pobres optando, ya sea en el aula o en el patio de recreo, por los niños más vulnerables y participando  en actividades y campamentos para jóvenes que hacían madurar en mí la opción por los pobres. También aprendí a descubrir a Dios en la naturaleza y a hacer de la Creación un lugar de encuentro… como lo decía mi primer compromiso, que repetía todos los días y todos los años con fe: “Prometo amar a Dios en la naturaleza, servir a mis hermanos con amor, abnegación y esmero, fruto de la exigencia  que surge del Evangelio de Jesús. “

Al crecer, comencé a hacerme muchas preguntas, necesitaba profundizar mi fe más allá de mi familia y la escuela, para comprometerme de otra manera.

Fue por casualidad que conocí a las Hermanitas de la Asunción, en un barrio donde nunca había puesto los pies. Estoy seguro de que el Señor guió mis pasos hacia este lugar; me sentí inmediatamente como en casa. Con las Hermanitas, descubrí  a Jesús y tenía la sensación  que lo que había estado buscando: unir a Dios y los pobres, estaba tomando forma al fin.

Comencé a participar en actividades de la pastoral juvenil, iba regularmente a su comunidad, celebraba a Etienne Pernet, leía… Los libros tuvieron en ese momento una gran importancia en mi búsqueda de sentido. Tenía fe, pero también muchas, muchas dudas: ¿en qué, en quién creía? ¿Quería ser parte de la iglesia con sus incoherencias? ¿Quién era este Jesús que me atraía? ¿Y si todo esto fuera solo un invento? … Por un lado, trataba de profundizar mi fe, de apropiármela, y por el otro, aprendía a vivir con la duda.

Comencé a orar, a buscar ya leer. En la biblioteca al lado de mi barrio, descubrí un tesoro: una colección de libros sobre la teología de la liberación. G. Gutiérrez, Boff o T. de Chardin me acompañaron para redescubrir la fe y, a fuerza de leer y orar, algo se movió dentro de mí, sentí lo que dice el versículo: “El amor de tu casa será mi tormento. “(Jn 2,17) y siempre llena de dudas, descubría a que se  parecía  lo que estaba buscando.

En medio de esto, tomaba decisiones, como la de estudiar educación social para poder dar toda mi vida a los más pobres y trabajar por un mundo más justo.

Poco antes de finalizar mis estudios, me di un año para ver qué haría a continuación. Durante ese año, participé en un campamento juvenil en Brasil con las Hermanitas. Después de vivir estos meses con ellas, tuve la certeza de que quería formar parte de este carisma, y ​​con otras jóvenes comenzamos a pensar cómo vivir el carisma desde nuestra identidad laica. Rápidamente, mientras estaba orando, pensé que tenía que ser honesta conmigo misma, a pesar de mis reticencias: ciertamente, la idea de ser religiosa nunca me había parecido atractiva, pero durante el tiempo que había compartido con las Hermanitas en lo cotidiano, me había sentido muy feliz… ¿No era eso lo que quería para mi vida? Ser feliz en el don de mi vida a Dios y a los pobres. Entonces supe claramente que quería ser  Hermanita de la Asunción, tuve la certeza de que esta era la voluntad de Dios para mí que acogí  por primera vez con inmensa alegría.

Y desde ese momento, hasta hoy, a medida que me acerco al día de mi compromiso perpetuo, sigo siendo plenamente feliz y libre en esta opción diaria de ser  Hermanita de la Asunción, que constituye  mi ser y mi vida

Lucía UCEDA (Comunidad de Sevilla – España)

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