Testimonio de Hermana Zoila

Testimonio de Hermana Zoila

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Despertando a la vocación…una larga historia

Nací en Goncha, un caserío del Nor- Oriente del Perú. El contexto de violencia, y lleno de creencias, fue dando un tinte a mi personalidad, mi manera de ser, y de percibir la vida.

Mi familia, un hogar sencillo, muy pobre, vivíamos de lo que cultivábamos. Estoy convencida que fue de mi mamá que heredé el amor a la virgen María, y la sensibilidad por los pobres.
Recuerdo aún palabras de ella. diciéndonos: Que Dios estaba en las personas más vulnerables ! . Sí ahí está Dios, por eso no hay que negarle nada a nadie, ni siquiera un vaso de agua.

A los 15 años dejo la casa de mis Padres para terminar mis estudios y buscar un trabajo para ayudar a la familia.  En Lima soy acogida por mis tíos con quienes viví durante 19 años, considerándolos así mi segunda familia.

Primeros descubrimientos

El Sacerdote quien me acompañaba me invitó a trabajar en un albergue de Madres adolescentes expulsadas de sus hogares .

En este espacio de trabajo, de acogida, y de contacto con estas jóvenes, es donde nuevamente Dios se revela. Me dá la oportunidad de no quedarme callada por las injusticias de las cuales yo era testigo respecto del trato con estas personas.

En libertad opté por renunciar a este trabajo.
El Sacerdote me dice “siga buscando trabajo para su sustento y así no ser una carga para sus tíos…”Vaya donde unas Religiosas que conozco, ellas trabajan con la familia, lavan, hacen la comida, llevan a los niños al colegio cuando la mamá está enferma…”
Así fue que  emprendo el camino hacia la casa de ellas en 1996.
Realmente desde el primer momento me llamó mucho la atención la sencillez en la cual vivían y la manera de acogerme.

Comienzos

Inicio el noviciado y después de 2 años hago los primeros votos en Lima, recibiendo el envío misionero al Salvador
Estoy segura que Dios se ha servido de esta experiencia en el Salvador, porque me ayudó a fortalecer mi fe, a reafirmar mi llamado, a amar mi vocación religiosa a la manera de las Hermanitas de la Asunción, es decir, darse a los pobres, a los pequeños, a los olvidados de la sociedad

. . Las diversas experiencias vividas en cada País donde he sido enviada me han ayudado a crecer humanamente y espiritualmente. Hoy nuevamente al releer mi historia, descubro el paso de Dios por ella, y el amor inmenso que me tiene; Él no me llamó por ser buena y santa, sino que se vale de la fragilidad humana para hacernos fuertes y de esa manera nos prepara para su servicio.

Compromiso definitivo

¿Cómo no seguir respondiendo a ese Amor con una respuesta de Amor? Manifiesto mí “Sí “definitivo el 16 de Agosto de 2014.

Mi vocación la vivo con alegría . Dios me la proporciona en la convivencia con mis hermanas de comunidad. El nos ayuda a no quedarnos en los conflictos entre nosotras.Nos lleva al perdón, la reconciliación, a la conversión.
Hoy más que nunca necesitamos seguir siendo creíbles en el anuncio del Reino con nuestra vida .
Actualmente estoy feliz.Amo la Congregación y mi mayor deseo es seguir entregando mi vida al servicio de los más pequeños.

*Conclusión

Mi vida espiritual la alimento a través de una escucha atenta a la Palabra de Dios .Por eso cada día la medito, en comunidad, en la oración.
Esto me lleva a abrirme hacia las necesidades de mis hermanos y hermanas que sufren. De igual manera la Eucaristía es alimento vital para nosotras hermanitas y para la vida espiritual de todo cristiano, cristiana.

Acepté compartir este testimonio de mi vocación con la única finalidad de anunciar a Jesucristo Servidor y Salvador en mi vida.
Quiero decirles a las jóvenes hombres y mujeres que aún no han encontrado un sentido a sus vidas que no tengan miedo a acoger esta experiencia que el Señor les ofrece y que se arriesguen a gastar sus energías en su servicio..

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