Cuando el medio carcelario se convierte en camino de libertad

29 de agosto del 2015: ¡Después de 18 años en Madagascar, vuelvo a Quebec dónde, en principio, se trata de situarse! Tres meses más tarde, germina el deseo de una nueva misión... pero, ¿dónde? Es entonces cuando oigo hablar de la Pastoral Comunitaria de Penitenciarios federales que busca voluntarios… Su proyecto me parece muy interesante.

         El programa “Arc- en- ciel” (arco iris) reúne a 8-9 detenidos a la vez, y el mismo número de voluntarios y dos animadores/as, para un periodo de 8 semanas, una vez por semana.
 
 
Se trata de restaurar juntos lo que la    violencia ha roto.
  En el programa “Arc-en-ciel”, a través de  un proceso de concientización y educación,  el detenido va a caminar hacia la  restauración de relaciones fragilizadas; se  trata de reconstruir el tejido social ofreciendo  vías de curación y de reconciliación. El  vocablo “Arc-en-ciel” fue simbólicamente  escogido pues se propone recrear una    alianza y harmonía entre todas las personas  concernidas.”
 
    El programa se dirige a residentes del “mínimum”, es decir a los que se encaminan hacia “la salida”. Viven ya en pequeño grupo, compartiendo responsabilidades lo que hace esta etapa de vida en el medio carcelario mucho más “humana”, más cercana a la “vida normal”.
Hasta hoy, he participado en tres programas “Arc- en- ciel”. Cada vez, una nueva aventura… 
¿Qué herramientas usamos para facilitar la tarea? Textos, imágenes.
¿Qué animación?: tiempos en grupo completo, y mucho tiempo, dependiendo de lo que cada detenido profundiza, con su voluntaria/o, sobre el tema propuesto. Las puestas en común, donde cada uno es libre de expresarse o no, nos dejan entrever la belleza o la dificultad de los caminos emprendidos por unos u otros… también, algunos juegos de rol, ejecutados con ‘temblor’, nos revelan un poco la densidad de su vivencia… 
 
    Y ahora, voy a intentar resaltar algunos rasgos de los residentes con los que he hecho camino.
 
    El primero,64 años, que estará libre algunos meses más tarde, después de 40 años de cárcel, con etapas de libertad y recidivas…. Él sabe que no debe volver jamás a su ciudad donde hallaría sin duda su “banda”.
 
  Durante nuestros encuentros él me comparte que, cuando murió su padre no pudo aún perdonarle… y añade: “pero, ahora está hecho,sé que ambos teníamos culpa,desgraciadamente, ¡ya no puedo decírselo!”. Una vez atenuada su emoción, le pregunto: ¿Qué es lo que puedes hacer? – “Voy a escribirle una carta y se la llevaré al cementerio…” 
Me comparte también, que en 40 años, nunca ha hablado con sus familiares de los efectos producidos sobre ellos por su detención. Entonces se propone telefonear a una de sus hermanas, a donde él iba con ocasión de sus “salidas”, y preguntarle lo que ella vivió a causa de él… a la semana siguiente, me cuenta: “La llamé y me respondió: ¿Pero qué es lo que te pasa?!!!”. ¡Nos reímos! De hecho, ¡vaya sorpresa después de 40 años! Y se ponen de acuerdo para volver a hablar… Seis meses más tarde, una semana antes de su salida definitiva,el viene para saludar a los voluntarios y me dice con los ojos brillantes: “¡He hablado con mi hermana!” ¡Qué maravilla!
 
 2º grupo: Hago camino con ... 37 años, encarcelado a la edad de 20 años… “He hecho lo peor que existe, me dice, ¡he matado!”. No habiendo aprendido a amar, mató a su pareja. En esos casos es difícil hacer remontar la estima de sí mismo…
No tiene ningún vínculo con nadie salvo con su madre y su abuela cuyas relaciones no son para nada constructivas. Desde que está encarcelado ha aprovechado ocasiones de formarse: informática, psicología, etc. Lúcido sobre sí mismo, sabe que todavía tiene necesidad de consolidarse para afrontar la vida en sociedad.
   Un día, mirábamos juntos una lista de valores, y él marcaba aquellos en los que se reconocía… al final del encuentro comparte en grupo lo que este trabajo produjo en él: “¡Los valores te hacen más completo!”. 
Qué bueno es descubrir que somos algo más que el lado oscuro de nuestras vidas…
 
Y el 3º, ..., 83 años, encarcelado hace cerca de un año, por haber abusado de uno de sus sobrinos de 7-8 años, hace 50 años, y de no haber protegido a su hermano de una situación análoga… Un hombre que sólo experimenta vergüenza… 
 
   Un día me habla de sus noches sin dormir… A la semana siguiente, todo él transformado y pacificado, me cuenta: “Una noche, me dije que yo era responsable, que ellos tenían razón y que iba a perdonarles por haberme denunciado lloré mucho de alivio… ¡Y en las noches siguientes, he dormido bien!” 
Yo me quedé sin palabras. “La verdad os hará libres», nos dice San Juan.
 
  Releyendo las etapas de perdón a partir de su experiencia, llegamos a la pregunta: ¿Puede encontrar un sentido a la ofensa? Y sigo: ¿Le ha aportado algo esta experiencia? – “¡Claro, si! Antes con la gente yo hablaba de diferentes cosas, y eso era todo. Ahora, voy a intentar comprenderles…”
    Otra vez me quedo sin palabras ante este hombre, casi analfabeto, capaz de reconocer la fuente de esta transformación interior tan asombrosa.
          Al final de nuestro camino, el me hace partícipe de otro hecho totalmente coherente con lo que precede: “Uno de mis hijos quería pagar un abogado para que yo no entrara en prisión: Yo le dije: No, a mí me toca pagar lo que he hecho”… También, proyecta reunir a su familia cuando vuelva a casa “¿Para hacer una fiesta?” le digo yo “¡No! Para decirles lo que yo hice y que ellos puedan reaccionar. ¡Lo celebraremos juntos después!”
 
¿Hace falta otra conclusión?
Solamente volver a decir que doy gracias por este medio de vida que me ha sido ofrecido…
¿Puede ser que Etienne se haya encargado de la reintegración a mi país?
 
Colette Normandeau (Canadà)
15/06/2018
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